¿Cómo va la academia en el Gimnasio?

Félix Gómez, Coordinador Académico, contesta a esta pregunta para la comunidad gimnasiana

Pocas cosas afectan de manera tan notoria la actividad educativa que se adelanta en una institución como las imágenes falsas que se elaboran de ella. Bien sea que dichas imágenes procedan de generalizaciones apresuradas, bien sea que provengan de lugares comunes desgastados, no puede disimularse el papel negativo que desempeñan, pues llevan a comprensiones erróneas sobre la realidad pedagógica y obstaculizan los procesos de mejoramiento a que haya lugar.

A este respecto, debo aclarar que hace dos lustros soy profesor del Gimnasio y hace poco más de un año asumí, sin abandonar mi labor docente, el cargo de coordinador académico. A lo largo de este tiempo, me ha sorprendido encontrar que algunos miembros de la comunidad gimnasiana comparten diversas imágenes de la institución y del trabajo que en ella se adelanta, y que un cuidadoso análisis de los hechos demostraría la falsedad de éstas.

Entre esas imágenes sobresale la creencia de que en el colegio existe, por parte de directivos y profesores, escasa preocupación por la dimensión académica, y que son otras cuestiones las que ocupan su interés. Como consecuencia de esto, los egresados del Gimnasio no se destacan precisamente por su sapiencia. Nada más contrario a la verdad. Pero antes de demostrar lo equivocado de este supuesto, tal vez convenga formular algunas conjeturas sobre cómo se pudo haber originado.

El Gimnasio Moderno, desde su fundación, eligió como guía de su quehacer los principios de la denominada Escuela Activa, movimiento psicopedagógico que sitúa al educando como centro de la reflexión y la práctica educativa, pues reconoce en él su papel dinámico en el proceso de aprendizaje y, por tanto, la obligatoriedad de organizar todos los componentes del currículo en torno de sus intereses y necesidades. Fue esta corriente la que por primera vez en la historia de la educación concibió al estudiante como un sujeto conformado por múltiples dimensiones y posibilidades que no se agotan en la esfera de lo intelectivo. Aún hoy cuesta comprender esto a cabalidad: en la escuela no sólo se adquieren conocimientos disciplinares, sino que también, de manera privilegiada, toman forma y se desarrollan aquellos elementos que habrán de constituir el carácter y la personalidad del individuo. Además de lo cognitivo, lo ético y lo estético cobran allí relevancia.

Tal vez este principio de la Escuela Activa, que reconoce y valora por igual todas las dimensiones que conforman al ser humano, haya sido malinterpretado como un abandono de lo académico, cuando, por el contrario, lo que ha hecho es ubicar este aspecto dentro de un contexto más amplio y enriquecedor que alberga, en igual medida, las esferas de lo social y lo subjetivo. Además de lo anterior, puede que también haya contribuido a esta imagen falsa el hecho de que el Gimnasio no suele hacer alarde de sus logros. A diferencia de otras instituciones, no mide su valía solamente por los reconocimientos externos que, por bien merecidos que los tenga, no son baremo adecuado de sus méritos educativos; antes bien, son los frutos íntimos, originados en el día a día del aula de clase, los que permiten realizar una adecuada valoración de sus esfuerzos; ellos no son otros que la constatación directa de que sus alumnos y sus egresados son individuos íntegros, poseedores de un espíritu crítico, una mentalidad abierta y un deseo profundo de colaborar en el mejoramiento de la sociedad.

Con relación a esto, no sé qué tan acertadas sean las anteriores conjeturas como explicación de por qué se considera que el aspecto académico en el colegio está subvalorado, pero tal vez sea el momento de mencionar algunos hechos y resultados que desmienten tal suposición. Para comenzar, se debe indicar que, nuevamente, el Gimnasio fue clasificado por el Icfes, por los resultados que sus alumnos de grado undécimo alcanzaron en el examen de Estado, en la categoría muy superior, máximo rango de la escala; en segundo lugar, dos alumnos, uno de primaria y otro del bachillerato, estuvieron entre los mejores en las Olimpiadas de Matemáticas que anualmente se celebran en el país; en tercer lugar, en el momento de escribir este artículo, otro gimnasiano está participando en la ronda final regional del Concurso Nacional de Ortografía, organizado por el diario El Tiempo; en cuarto lugar, casi todos los jóvenes que este año reciben su grado de bachiller ya han sido admitidos en las más importantes universidades para adelantar estudios en las más variadas carreras; y así se podría seguir enunciando logro tras logro de los estudiantes del colegio y de sus egresados.Pero también existen otros indicadores, igualmente significativos, que pueden pasar desapercibidos: el Gimnasio, desde hace siete años, modificó, de manera radical, el plan de estudios de los dos últimos grados del bachillerato con el fin de ofrecer una educación más acorde con las necesidades de los jóvenes y con las exigencias de la universidad (el programa de semestralización y créditos). Hoy por hoy, el colegio tiene convenio con nueve universidades que forman parte del proyecto y varios colegios se han acercado al Gimnasio para conocer el programa y poder aplicarlo.

Si lo hasta ahora dicho no bastara, también se puede señalar que el 2008 fue el año de inicio de revisión y de reformulación del Proyecto Educativo Institucional (PEI), con el objetivo de mejorar sus procesos académicos y formativos en procura de que los educandos alcancen cotas cada vez más altas de desarrollo.

Queda claro, por todo lo expuesto, que no es cierto que al Gimnasio no le interese el aspecto académico, lo que sucede es que le preocupa en la justa medida, como parte integrante de un horizonte más amplio. También debe quedar claro que no considera que en este aspecto se esté conforme con lo alcanzado y que no haya nada por mejorar; al contrario, reconocer las fortalezas conlleva aceptar las debilidades, que no son pocas, con el fin de superarlas.

Por último, solo me cabe confiar en que este texto contribuya a desmentir y a acabar, de una vez por todas, con esta falsa imagen y sirva, asimismo, para generar un escepticismo saludable sobre ciertos supuestos que, sin ser sometidos a una crítica reflexiva, sirven para juzgar la labor de nuestros docentes, estudiantes y demás miembros de la comunidad del colegio.

Félix Antonio Gómez Hernández