Ponencia Gimnasiana

santamaria

El colegio Santa María cumplió en días pasados 50 años de fundado. Para celebrar sus Bodas de Plata, su directora María José Zuleta, decidió organizar un encuentro pedagógico dirigido a rectores de diferentes colegios emblemáticos de la ciudad, bajo el interesante nombre “Escuela constructora de mundo”.

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El Gimnasio Moderno participó junto con el Gimnasio Femenino y el Gimnasio Campestre, en el coloquio “Educar desde el eco de una figura histórica”. Como el Señor Rector, Víctor Alberto Gómez Cusnir, se encontraba acompañando a los estudiantes que viajaban a Canadá, delegó al  Secretario General del Gimnasio, Juan Sebastián Hoyos Montes, para que asistiera en su representación.

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La Página del Gimnasio Moderno en Internet reproduce el texto de la ponencia expresada por Juan Sebastián:

¿Qué supone educar desde el eco de una figura histórica, emblemática, como lo es Agustín Nieto Caballero, para el Gimnasio Moderno?

Vamos por partes. Lo primero será decir que supone un reto. Esto es así porque implica conservar unos principios que fueron pensados hace cien años, conservar el espíritu del colegio, la esencia, pero, al mismo tiempo, obliga a innovar, a sincronizarse con las necesidades y los problemas actuales. Esto es así, no sólo porque el mundo ha cambiado y la realidad es otra, sino porque uno de los principios esenciales de Don Agustín es el de conservar un espíritu moderno.

Como dice él en su libro, Una Escuela:

“Gimnasio, le llamamos, pensando en la actividad del cuerpo y del espíritu.

Moderno, agregamos, como para sentirnos obligados a mantenernos en continua renovación. Ese nombre es, ciertamente, un compromiso”.

Por ello, lo primero que podemos decir es que este es un reto, y es un reto curioso porque es circular. Y es un reto delicado, porque nos invita a renovarnos constantemente. Pero, al mismo tiempo, nos constriñe a hacerlo dentro de unos límites. De lo contrario, perderíamos nuestra identidad.

Esta sería una aproximación inicial a la pregunta.

Ahora bien, en este punto, quiero contar dos anécdotas:

La primera tiene que ver con Buda. Con El Buda. Al final de su vida, Buda le dice a sus discípulos: “sigan mis principios, pero síganlos, no porque los dije yo, sino porque tienen sentido, porque ustedes los han experimentado y les  funcionan. No importa de dónde provengan. Lo que importa es su valor en sus vidas.”

Nosotros creemos en los principios de Agustín Nieto Caballero y los seguimos implementando, no porque los dijo él, sino porque son vigentes hoy en día a nuestro entender. Porque nos funcionan, al decir del Buda.

En este punto, quiero recordarles brevemente cuáles son esos principios: la autonomía; la libertad; las relaciones horizontales entre profesores y estudiantes; el niño como centro del proceso; el error como fuente de aprendizaje; el amor por Colombia; el conocimiento como pretexto para  la formación del carácter; la idea de que el ambiente educa más que el discurso directo y de que se aprende haciendo; un colegio humanista; un colegio humano – que no es lo mismo-; un colegio auténtico; un colegio contracultural; un colegio liberal y democrático; la capacidad de disentir; la confianza; el niño como interlocutor válido; la importancia de las excursiones; un ambiente de afecto y alegría; el rol fundamental del maestro, por encima de los textos y los programas; y el sentido del humor, entre otros.

La segunda anécdota es de Mauricio Nieto, nieto de don Agustín, y reconocido profesor de Historia de la Universidad de los Andes. En la actualidad, nosotros estamos trabajando en un proyecto que se llama “Vuelo al Bicentenario”, que, curiosamente, es exactamente esto mismo de lo que estamos hablando hoy: un ejercicio de reflexión conjunta sobre lo que supone educar desde el eco de una figura como lo es don Agustín. Tenemos dos grupos de trabajo, conformados por estudiantes, exalumnos, padres de familia, profesores y pedagogos, entre otros. Un grupo investiga sobre el Legado de Nuestros Primeros Cien Años y el otro investiga sobre las Tendencias Actuales en Educación.

Mauricio Nieto está en el grupo de los Cien Años. Al final de la primera reunión, en octubre pasado, cuando discutimos sobre nuestros principios fundacionales, él nos dijo lo siguiente: “todo lo que ustedes han dicho es muy interesante, es maravilloso, tenemos unos cien años de maravilla. Pero ojo, no seamos tan autorreferentes, no vivamos sólo del pasado, veamos otras cosas, otras miradas, estudiemos otros autores. No perdamos el espíritu moderno.”

Esto, repito, lo dijo un exalumno, una persona que sabe de pedagogía, que sabe de Historia de Colombia, que quiere mucho a su colegio, y que resulta ser el nieto de Agustín Nieto Caballero. Su punto de vista es, por lo menos, inquietante, y nos hace reflexionar como institución.

Creo que nuestra principal falla es que por momentos nos hemos quedado anclados en nuestra historia, en los libros de Don Agustín, en lo que fuimos en el pasado, muy autorreferentes, muy endogámicos, mirándonos todo el tiempo nuestro propio ombligo, demasiado orgullosos de nosotros mismos, sin ver un poco más allá. Sin mirar lo que está pasando afuera, sin estudiar nuevas propuestas. Sin renovarnos. Preocupados demasiado por defender unas tradiciones.

Lo anterior, por muchas razones que no es del caso mencionar pero que hacen parte de nuestra cultura como gimnasianos.

Esto es contradictorio con el pensamiento de don Agustín porque, con nuestra actitud, no honramos nuestro nombre.

No se trata de ser modernos por estar a la moda. No. Se trata de ser curiosos, de cuestionarnos, de investigar, de abrir la mente, de ser receptivos, y de mirar qué cosas nuevas podemos crear o adoptar. Claro está, siendo siempre fieles a nuestros principios para no perder nuestra autenticidad que es, creo yo, nuestro mayor valor.

Por eso, hoy en día, educar desde el eco de esa figura, supone hacerse las siguientes preguntas:

¿Qué respuestas le daría don Agustín a los problemas actuales de la educación y del Gimnasio?

¿Qué pensadores y qué pedagogos estudiaría?

¿Qué hay de malo en la educación de hoy?

¿Qué necesidades tiene el país hoy?

¿Cuáles son sus principales problemas?

Este es nuestro desafío. Dar soluciones a las necesidades actuales de la educación desde nuestros principios. El todo está en someter todo a cuestión, en repensarlo todo, así sea para dejarlo igual, pero no por tradición sino por convicción permanente.

Así las cosas, en síntesis, yo creo que educar desde el eco de una figura histórica como Agustín Nieto Caballero supone para el Gimnasio Moderno un reto complejo y fascinante. Este reto tiene tres aristas:

1-No ser tan endogámicos ni tan autorreferentes.

2-Repensarlo todo y cuestionarlo todo. Tradiciones, ideas, y demás.

3-Responder a las nuevas necesidades siempre desde nuestra forma de ser. Lo anterior, para no perder nuestra autenticidad ni nuestra identidad.

Muchas gracias,

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santamaria

El colegio Santa María cumplió en días pasados 50 años de fundado. Para celebrar sus Bodas de Oro, su directora María José Zuleta, decidió organizar un encuentro pedagógico dirigido a rectores de diferentes colegios emblemáticos de la ciudad, bajo el interesante nombre “Escuela constructora de mundo”.

Hoyos_03

El Gimnasio Moderno participó junto con el Gimnasio Femenino y el Gimnasio Campestre, en el coloquio “Educar desde el eco de una figura histórica”. Como el Señor Rector, Víctor Alberto Gómez Cusnir, se encontraba acompañando a los estudiantes que viajaban a Canadá, delegó al  Secretario General del Gimnasio, Juan Sebastián Hoyos Montes, para que asistiera en su representación.

Hoyos_02

La Página del Gimnasio Moderno en Internet reproduce el texto de la ponencia expresada por Juan Sebastián:

¿Qué supone educar desde el eco de una figura histórica, emblemática, como lo es Agustín Nieto Caballero, para el Gimnasio Moderno?

Vamos por partes. Lo primero será decir que supone un reto. Esto es así porque implica conservar unos principios que fueron pensados hace cien años, conservar el espíritu del colegio, la esencia, pero, al mismo tiempo, obliga a innovar, a sincronizarse con las necesidades y los problemas actuales. Esto es así, no sólo porque el mundo ha cambiado y la realidad es otra, sino porque uno de los principios esenciales de Don Agustín es el de conservar un espíritu moderno.

Como dice él en su libro, Una Escuela:

“Gimnasio, le llamamos, pensando en la actividad del cuerpo y del espíritu.

Moderno, agregamos, como para sentirnos obligados a mantenernos en continua renovación. Ese nombre es, ciertamente, un compromiso”.

Por ello, lo primero que podemos decir es que este es un reto, y es un reto curioso porque es circular. Y es un reto delicado, porque nos invita a renovarnos constantemente. Pero, al mismo tiempo, nos constriñe a hacerlo dentro de unos límites. De lo contrario, perderíamos nuestra identidad.

Esta sería una aproximación inicial a la pregunta.

Ahora bien, en este punto, quiero contar dos anécdotas:

La primera tiene que ver con Buda. Con El Buda. Al final de su vida, Buda le dice a sus discípulos: “sigan mis principios, pero síganlos, no porque los dije yo, sino porque tienen sentido, porque ustedes los han experimentado y les  funcionan. No importa de dónde provengan. Lo que importa es su valor en sus vidas.”

Nosotros creemos en los principios de Agustín Nieto Caballero y los seguimos implementando, no porque los dijo él, sino porque son vigentes hoy en día a nuestro entender. Porque nos funcionan, al decir del Buda.

En este punto, quiero recordarles brevemente cuáles son esos principios: la autonomía; la libertad; las relaciones horizontales entre profesores y estudiantes; el niño como centro del proceso; el error como fuente de aprendizaje; el amor por Colombia; el conocimiento como pretexto para  la formación del carácter; la idea de que el ambiente educa más que el discurso directo y de que se aprende haciendo; un colegio humanista; un colegio humano – que no es lo mismo-; un colegio auténtico; un colegio contracultural; un colegio liberal y democrático; la capacidad de disentir; la confianza; el niño como interlocutor válido; la importancia de las excursiones; un ambiente de afecto y alegría; el rol fundamental del maestro, por encima de los textos y los programas; y el sentido del humor, entre otros.

La segunda anécdota es de Mauricio Nieto, nieto de don Agustín, y reconocido profesor de Historia de la Universidad de los Andes. En la actualidad, nosotros estamos trabajando en un proyecto que se llama “Vuelo al Bicentenario”, que, curiosamente, es exactamente esto mismo de lo que estamos hablando hoy: un ejercicio de reflexión conjunta sobre lo que supone educar desde el eco de una figura como lo es don Agustín. Tenemos dos grupos de trabajo, conformados por estudiantes, exalumnos, padres de familia, profesores y pedagogos, entre otros. Un grupo investiga sobre el Legado de Nuestros Primeros Cien Años y el otro investiga sobre las Tendencias Actuales en Educación.

Mauricio Nieto está en el grupo de los Cien Años. Al final de la primera reunión, en octubre pasado, cuando discutimos sobre nuestros principios fundacionales, él nos dijo lo siguiente: “todo lo que ustedes han dicho es muy interesante, es maravilloso, tenemos unos cien años de maravilla. Pero ojo, no seamos tan autorreferentes, no vivamos sólo del pasado, veamos otras cosas, otras miradas, estudiemos otros autores. No perdamos el espíritu moderno.”

Esto, repito, lo dijo un exalumno, una persona que sabe de pedagogía, que sabe de Historia de Colombia, que quiere mucho a su colegio, y que resulta ser el nieto de Agustín Nieto Caballero. Su punto de vista es, por lo menos, inquietante, y nos hace reflexionar como institución.

Creo que nuestra principal falla es que por momentos nos hemos quedado anclados en nuestra historia, en los libros de Don Agustín, en lo que fuimos en el pasado, muy autorreferentes, muy endogámicos, mirándonos todo el tiempo nuestro propio ombligo, demasiado orgullosos de nosotros mismos, sin ver un poco más allá. Sin mirar lo que está pasando afuera, sin estudiar nuevas propuestas. Sin renovarnos. Preocupados demasiado por defender unas tradiciones.

Lo anterior, por muchas razones que no es del caso mencionar pero que hacen parte de nuestra cultura como gimnasianos.

Esto es contradictorio con el pensamiento de don Agustín porque, con nuestra actitud, no honramos nuestro nombre.

No se trata de ser modernos por estar a la moda. No. Se trata de ser curiosos, de cuestionarnos, de investigar, de abrir la mente, de ser receptivos, y de mirar qué cosas nuevas podemos crear o adoptar. Claro está, siendo siempre fieles a nuestros principios para no perder nuestra autenticidad que es, creo yo, nuestro mayor valor.

Por eso, hoy en día, educar desde el eco de esa figura, supone hacerse las siguientes preguntas:

¿Qué respuestas le daría don Agustín a los problemas actuales de la educación y del Gimnasio?

¿Qué pensadores y qué pedagogos estudiaría?

¿Qué hay de malo en la educación de hoy?

¿Qué necesidades tiene el país hoy?

¿Cuáles son sus principales problemas?

Este es nuestro desafío. Dar soluciones a las necesidades actuales de la educación desde nuestros principios. El todo está en someter todo a cuestión, en repensarlo todo, así sea para dejarlo igual, pero no por tradición sino por convicción permanente.

Así las cosas, en síntesis, yo creo que educar desde el eco de una figura histórica como Agustín Nieto Caballero supone para el Gimnasio Moderno un reto complejo y fascinante. Este reto tiene tres aristas:

1-No ser tan endogámicos ni tan autorreferentes.

2-Repensarlo todo y cuestionarlo todo. Tradiciones, ideas, y demás.

3-Responder a las nuevas necesidades siempre desde nuestra forma de ser. Lo anterior, para no perder nuestra autenticidad ni nuestra identidad.

Muchas gracias,

 Hoyos_05