Vivir La Cuaresma

Una reflexión del Área de Formación en la Fe, para la Semana Mayor

La Cuaresma se originó en el siglo IV Como un tiempo de penitencia y renovación para toda la iglesia; el ayuno y la abstinencia se practicaban con mucho rigor en las iglesias de oriente, siendo menos rigurosos en occidente.  Cuaresma hace referencia a los cuarenta días, según Mateo 4, 1-11, que pasó Jesús retirado en el desierto antes de emprender su vida pública; también recuerda los cuarenta días que duró el diluvio y  los cuarenta años del pueblo judío  por el desierto.

No se trata de que nos retiremos del trabajo y las ocupaciones habituales para irnos a buscar un desierto físico y orar y ayunar allí; se trata de que vivamos en nuestra cotidianidad actos de reconciliación, ofreciendo pequeños o grandes actos que nos cuesten en nuestro diario vivir, siendo conscientes que los hacemos  como preparación a las solemnidades pascuales.

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Muchos de los acontecimientos diarios nos indican que nuestra patria está afrontando ya una penitencia muy dolorosa. Que en este tiempo de cuaresma el espíritu de  penitencia impregne nuestros corazones.  Y que si que si bien no tiene que notarse en una forma especial, si la sintamos desde la hondura de nuestro corazón.  Una forma de prepararnos para la conmemoración de la muerte y resurrección de Jesús es cambiando  nuestros gestos de mal humor, siendo más pacientes, privándonos de algunas cosas que por capricho quisiéramos tener, acercándonos un poco más  a quienes hemos tenido distantes en nuestros afectos, ayudando a  quienes nos necesitan aunque no lo estén pidiendo.  Pensemos que como seguidores de Cristo debemos comenzar a prepararnos para la Pascua centrada en la  RESURRECCIÓN, porque sin ella no tendría sentido la cuaresma.

La cuaresma es entonces la invitación que nos hace nuestra Iglesia a desacomodarnos y cambiar nuestra vida.  Es el tiempo del perdón y la sanación. Alejemos de nuestro interior el rencor, la envidia, los celos, y otros sentimientos que nos alejan de nuestros hermanos y por consiguiente de Dios.  Que durante este tiempo aprendamos a llevar nuestra cotidianidad, aquello que sentimos como una  cruz, con alegría para alcanzar también la resurrección en nuestras vidas.

Área de Formación en la Fe.